Algunos simplemente acuden a papá y mamá, otros contaban con trabajos altamente remunerados y ahora pueden costear gran parte de los dos años con fondos propios, otro grupo logra hacerse a un pedazo de alguna beca o son financiados completamente por sus gobiernos; finalmente, los menos afortunados se hechan la soga al cuello, le entregan su alma al diablo y piden un ¨pequeño¨prestamo.
Pero la historia más interesante viene de un sujeto oriundo del lejano Reino de Bután. Antes de llegar a Columbia era un guia turístico y trabajaba con el Ministerio de Relaciones Exteriores. Cuando vuelva quiere trabajar en la agencia de viajes que recién comenzó previo a su viaje a la gran manzana.
Pero ¿cómo llego hasta acá? bueno, resulta que una ONG suiza estaba recorriendo Bhutan y tenían a nuestro protagonista como guía. Al finalizar la visita, la delegación helvetica quedó tan agradecida y satisfecha con los servicios prestados que decidieron recompensarlo y le dijeron alo mas o menos así:
-Amigo butanés, busque y escoja el programa y la universidad que más le guste en todo el mundo y si lo aceptan, nosotros le financiamos sus estudios.-
Ahora recorre los pasillos de la escuela de asuntos públicos e internacionales compartiendo por igual con los becados, los endeudados y los adinerados.

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